La Construcción del otro: imágenes e imaginarios modernos desde el tiempo presente. España, el “giro mediterráneo” y los ecos del orientalismo

José Luis Neila  Hernández

En esta última sesión del networking sobre Historia del Mundo Actual, dedicado a la reflexión sobre las experiencias docentes, pretendemos esbozar una práctica realizada en el marco de la asignatura optativa del grado de Historia “Seminario de Estudios Mediterráneo”, a través del papel de la imagen y la construcción de imaginarios modernos en la articulación de la identidad nacional y la extranjerización del otro. Una práctica condensada desde el prisma del Orientalismo como construcción cultural sustantiva de en la conexión entre conocimiento y poder en la modernidad.

La estrategia de trabajo está fundamentada en el recurso a fuentes gráficas, particularmente tiras cómicas, como un lienzo más en las actividades programadas en el contexto de un proyecto de innovación docente desarrollado en la Universidad Autónoma de Madrid en el curso 2014-2015 titulado: “La imagen gráfica y el cómic en la enseñanza de la Historia de las Relaciones Internacionales e Historia del Mundo Actual en el grado de Historia”. Un proyecto que, a su vez, se enmarca en el desarrollo de dos proyectos de investigación cuya atención gravita sobre el análisis de la imagen internacional de España: el primero titulado “La España imaginada y la imagen de España (1898-2012)” del Campus de Excelencia UAM-CSIC (1 de abril 2013-31 de marzo de 2015) Ref. CEMU-2013-11; y el segundo, titulado “Imágenes y percepciones: la inserción de España en el mundo actual”, en proyectos I+D+i Retos de la Sociedad, (1 de enero de 2014-31 de diciembre de 2016) Ref. HAR2013-43152-R.

Entre los objetivos que se pretendían alcanzar figuraban, en primer término, la incorporación a la práctica docente de modo más orgánico y sistemático el trabajo con fuentes gráficas, y en especial la imagen gráfica y los cómics, como recursos para el estudio del pasado y los prismas de aproximación a éste desde el presente.

En segundo lugar, la incorporación a las estrategias de enseñanza-aprendizaje de la imagen gráfica y el cómic como síntomas de la inercia historiográfica potenciada desde el giro culturalista a la inserción de fuentes y enfoques hasta ahora considerados marginales o ajenos al ámbito de la historiografía. En este sentido espacios historiográficos como la recuperación de la memoria histórica, la aproximación desde la ficción a los cambios devenidos en la sociedad internacional o ejercicios deconstructivos sobre los grandes procesos y acontecimientos históricos desde el siglo XX han contribuido a generar una mayor empatía con el trabajo de los estudiantes.

Y asimismo, una de las directrices del proyecto ha sido profundizar en la transversalidad en las temáticas y las fuentes. El recurso combinado a fuentes tradicionales del trabajo historiográfico y otras más inéditas al campo de la historiografía, como las fuentes literarias y las fuentes gráficas, han contribuido no sólo a enriquecer el horizonte de recursos del estudiante sino también a aproximar las fuentes de trabajo y las estrategias de conocimiento con el entorno cultural en el que se produce el proceso de enseñanza-aprendizaje.

La práctica que presentamos a continuación en torno a “La Construcción del otro: imágenes e imaginarios modernos desde el tiempo presente. España, el ‘giro mediterráneo’ y los ecos del orientalismo” se plantea desde el marco teórico de la relación entre conocimiento y poder. En este sentido resulta central la reflexión foucaltiana sobre el nexo entre poder y saber, dado que uno y otro se implican directa y recíprocamente[1]. De acuerdo con estas premisas, el conocimiento se articularía como un sistema de pensamiento que devendría en un sistema de control socialmente legitimado e institucionalizado. En la asociación entre saber y poder es determinante la producción de verdad. No es posible, argumenta Michel Foucault, un ejercicio de poder sin una cierta economía de los discursos de la verdad. El establecimiento de un régimen de veridicción determina la producción de leyes y genera un discurso que se proyecta en el ejercicio del poder. Así el saber no sería otra cosa que un enunciado que se vuelve verdad en un momento dado en relación a un discurso y una práctica de poder concreta[2]. El discurso, en palabras de Frantz Fanon, es el acto de hablar, “es emplear determinada sintaxis, poseer la morfología de tal o cual idioma, pero es, sobre todo, asumir una cultura, soportar el peso de una civilización”[3].

El papel ejercido por la gubernamentalidad, entendida por Michel Foucault como el ejercicio del poder sobre la población a partir de ejercicios de soberanía, tácticas disciplinarias y prácticas administrativas que persiguen un determinado tipo de control integral sobre la población, es fundamental en la construcción de la identidad y la determinación de la otredad. La construcción del Estado moderno y el papel de la construcción de la identidad están conectados con el imperativo de la seguridad[4]. La articulación de una ciudadanía bajo el paraguas de una identidad común tiende a extranjerizar todo aquello que se entiende como diferente. En este sentido la política exterior sirve a un discurso y a una práctica que tiende a proyectar dicha extranjerización más allá de las fronteras nacionales y en el que la construcción del extranjero deriva, asimismo, de la constitución de lo doméstico. En palabras de David Campbell: “La política exterior es una parte de un proceso multifacético de inscripción que disciplina al hombre enmarcándolo en la organización espacial y temporal de lo interno y lo externo, el yo y el otro; por ejemplo en el estado”[5]. Los imperativos a la seguridad y la querencia al orden no sólo impulsan al Estado al ejercicio del control de la población dentro de sus límites espaciales, sino que también animan a la práctica del colonialismo y del imperialismo.

El racismo subyace como un elemento central de la construcción de identidades y la proyección exterior de los Estados Modernos. Como construcción social se ha articulado a través de enunciados científicos y culturales sirviendo a diferentes propósitos de dominación, control y gobierno sobre los otros. Desde el siglo XVIII las nuevas lógicas de la dominación y la emergencia de las primeras sociedades poscoloniales al otro lado del Atlántico fueron dando paso a la generación de un discurso racial que, partiendo de enunciados pseudocientíficos, articularon un saber biológico y antropológico sobre las razas. Otras definiciones del racismo, entre ellos los análisis de Immanuel Wallerstein o Balaibar, abundan en la segmentación entre un “viejo” y un “nuevo” racismo. El primero, se referiría a las prácticas y discursos sobre las razas previos a la Segunda Guerra Mundial y mayoritariamente entendido como el racismo científico y al hilo del cual se clasificarían los diversos grupos humanos en términos raciales. Y el segundo, estaría vinculado a las diferencias culturales, el cual hace de estas supuestas diferencias el argumento nodal de las prácticas de contención o conversión de la otredad[6].

Desde este horizonte conceptual los recursos empíricos de los que partimos pretenden partir de la visualización y la reflexión en torno a diversos registros de la sátira gráfica del tiempo de la transición a la democracia en España en torno a las relaciones con el vecino del Sur, Marruecos. Un actor fundamental en la historia de España del siglo XX y de su política exterior y que en este periodo se vería sometido a profundas transformaciones a tenor de la formulación de una auténtica política mediterránea de España en clave europea y occidental, pero en cuya textura perdurarían los imaginarios modernos y en particular el velo preinterpretativo del Orientalismo.

Imagen 1

Forges, El País, 10 de febrero de 1996

Imagen 2

Perich, Interviú, 436, 19 de noviembre de 1984

Imagen 3

José Luis Martín, El Jueves, 58, 7 de julio de 1978

 

Imagen 4

Perich, El Jueves, 172, 10 de septiembre de 1980

 

Imagen 5

Gallego y Rey, El País, 29 de septiembre de 1989

 La formulación y ejecución de la política exterior y de seguridad hacia el Mediterráneo, así como la experiencia colonial se urdieron desde el juego de tramas e imágenes emanadas del Orientalismo como un producto cultural de la Modernidad. Este alud de imágenes y este modo de ver y percibir al otro, en particular, al mundo árabe-islámico perduraría a lo largo del siglo más allá del propio proceso descolonizador.

Con la transición política a la democracia, la plena homologación internacional en un sentido europeo y occidental y la articulación de una política exterior democrática se observaría en la política española un “giro mediterráneo”. Es decir, por primera vez en el siglo, desde finales de la década de 1980 se formularía y ejecutaría una auténtica política mediterránea. Una política concebida desde la dinámica de europeización y la plena inserción en Europa y el sistema occidental. Desde su nueva posición central confluirían las viejas imágenes y prejuicios sobre los vecinos meridionales, compartidas en buena medida por otros vecinos europeos –miembros de la UE- con sus visibles residuos orientalistas e inercias políticas, económicas y culturales de la Modernidad. Desde esta panorámica el Proceso de Barcelona trataría de buscar soluciones a los nuevos dilemas de la seguridad y los desafíos de la frontera (occidental, europea y española) en el Mediterráneo en el mundo de la posguerra fría, proyectando argumentos, mecanismos y estrategias eminentemente modernos, en un sentido liberal.

El “giro mediterráneo” metaboliza un discurso en la política exterior española desde el que se resemantiza su proyección hacia el Mediterráneo, como proyección periférica, a tenor de su condición europea y occidental. Parece pertinente, en nuestra opinión, analizar la malla geocultural sobre la que se articula este discurso y esta proyección de poder desde la política mediterránea de España, como política pública en el seno de la Unión Europea. Un discurso y una proyección de poder en el plano de la política exterior sobre los que conviene reflexionar acerca de los componentes inéditos y las inercias del pasado para diseccionar la lógica eurocéntrica y occidentalista desde la que se concebiría la política mediterránea en la España democrática. La construcción de la imagen histórica del otro, en este caso de los vecinos del sur, ilustran de modo inverso la imagen internacional autoconstruida desde la cultura política y desde la alta cultura y la cultura popular por los españoles.

[1] Michel Foucault Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, Madrid, Siglo XXI, 2013, p. 34.

[2] Véase Michel Foucault “Two lectures”, en Collin Gordon (ed.) Power/Knowledge: Selected Interviews and Other Writings, 1972-1977, New York, Pantheon, 1980, pp. 93-94 y Dits et Écrits, 1954-1988, Paris, Gallimard, 1994, vol. III, p. 159.

[3] Frantz Fanon Piel negra, máscaras blancas, Madrid, Akal, 2009, p. 49.

[4] Consúltese Michel Foucault “Clase de 1º de febrero de 1978”, en Seguridad, territorio, población. Curso en el Collège de France, 1977-1979, Madrid, Akal, 2008, p. 115.

[5] David Campbell Writing Security. United States Foreign Policy and Politics of Identity, Minnesota, University of Minnesota, 1998, pp. 69-70.

[6]  Un tema brillantemente estudiado por Melody Fonseca en una tesis doctoral titulada Raza, poder e identidad en las prácticas discursivas de Estados Unidos sobre Haití: una perspectiva decolonial defendida en la Universidad Autónoma el día 9 de febrero de 2016.

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